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Un corazón que lo entrega todo

  • Foto del escritor: Ivanna Sanchez
    Ivanna Sanchez
  • 15 ago 2024
  • 4 min de lectura

Tamara Riveros es una terapista ocupacional con una vocación de servicio muy grande, que desde los 13 años recorrió un intenso camino marcado por la acción comunitaria y la ayuda al otro. Por este motivo me acerqué a ella para realizarle una entrevista vía Zoom, en un clima distendido, desde un principio se mostró abierta y predispuesta a contar sobre sus experiencias de vida, que cabe destacar que con 28 años es extensa. 


Ocupó diversos roles, entre los que se destacan su trabajo en el grupo misionero y luego como coordinadora de la pastoral juvenil en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús en el barrio de Villa Celina, La Matanza. Formó parte del grupo de apoyo escolar al barrio Inta, proyecto impulsado desde el colegio Macnab Bernal Hermanos Maristas del barrio porteño de Villa Lugano. 


Como misionera visitó las provincias de Córdoba, Entre Ríos y Chaco, donde además de llevar la palabra de Dios, brindan ayuda a las necesidades de comunidades en situación de vulnerabilidad. Su más reciente trabajo fue en la Capilla San José Obrero, donde participó activamente en la creación de un centro barrial dedicado a personas en situación de calle y cubriendo necesidades de aquellas con problemática de consumo. 


-¿Cuál fue tu primer acercamiento a la parroquia?

En el año 2013 comencé en simultáneo a dar clases de catequesis en la parroquia de Villa Celina y en la pastoral del Marista, porque mi mamá ya daba catequesis, y me llamaba la atención. Siempre quise hacer cosas dedicadas al servicio o cosas por el otro, de chica me llamaba la atención, justo ese año me invitaron a hacer lo del día del niño. 

Me re gustó servir al otro, la acción social, de darle la posibilidad al otro de ver algo distinto en su vida, y seguí avanzando.


Su primera actividad comunitaria fue el festejo del día del niño, un evento organizado por la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, donde cada año invita a la comunidad de Villa Celina a disfrutar en familia una obra de teatro con temática infantil y luego compartir la merienda con chocolatada y variedad de cosas dulces para comer. Con la pandemia este evento se transformó y hoy solo se ofrece una tarde de juegos en un pelotero a cielo abierto.


-¿Cómo fue tu experiencia siendo misionera? ¿Tenés alguna experiencia que te haya marcado?

A los 16 años comencé a formar parte del grupo misionero, hacíamos actividades durante el año y en el verano nos íbamos a algún lugar puntual del país 15 días a prestar algún servicio. Fui a Córdoba, Entre Ríos y Chaco a misionar, y con los Maristas también me fui a misionar, pero a Luján. 


Una experiencia que me marcó fue en Chaco, estábamos recorriendo el campo, hacía mucho calor, muchos mosquitos y casi sin agua, así que nos veníamos quejando sobre eso. Después de un rato llegamos a una casa hecha de barro y chapa, la señora que vivía ahí sacó un banquito, estaba muy contenta.


Durante la charla nos presentamos y nos contó que no tenían luz y el agua había que buscarla a kilómetros. Tenía varios hijos y su marido trabajaba lejos, ella además nos dijo que no tenía nada, pero confiaba tanto en Dios, que era feliz y no le hacía falta nada, se sentía plena.

Eso fue algo que me marcó un montón, nosotros nos veníamos quejando hace un rato y ella no tenía nada pero era feliz. Cuando pienso en esta experiencia la identificó con los Dehonianos que tienen una cruz con un corazón adentro, pero ese corazón está vacío porque ya lo entrego todo.


-¿Tu camino en la parroquia motivó tu decisión de estudiar Terapia Ocupacional?

En el año 2018 comencé a estudiar Terapia Ocupacional, primero quería estudiar medicina, pero no me convencía del todo. En una visita al Cottolengo de Claypole recorrimos el lugar y conocí a las terapistas que trabajaban ahí, nos mostraron que les enseñaban a cocinar, entre otras cosas. Después de eso comencé a investigar y me di cuenta de que con esto podía ayudar al otro.  


-¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

En mayo de 2019 creamos en la capilla San José Obrero de Villa Celina un centro barrial para ayudar a los chicos que tienen problemáticas de consumo o que están en situación de calle. Al principio iban a la tarde donde dábamos talleres y clases de deporte, yo daba un taller de inteligencia emocional junto con una amiga.


Después se transformó en un hogar, donde algunos se quedaban a dormir y ayudaban en el comedor. Llegamos a abastecer a más de 500 familias, y cada una estaba conformada por 8 o 9 integrantes. 


Ahora me gustaría armar un proyecto más referido a mi ámbito profesional. La idea es poner un consultorio 1 o 2 veces por semana por la tarde, y atender a personas sin recursos que necesiten un tratamiento de rehabilitación y también a personas con certificado de discapacidad para financiar el proyecto, que va a ser ad honorem.


Se mostró muy entusiasmada con su nuevo proyecto de acción a la comunidad y poder unirlo con su camino profesional, brindando, además de su tiempo y corazón, sus conocimientos.

Entre los proyectos previstos para el 2023 se encuentra el dictado de talleres de RCP y primeros auxilios a los docentes que trabajan en el hogar, la entrevista concluyó con una invitación para formar parte y compartir experiencias enriquecedoras con la comunidad.

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